JUSTICIA

En esta sección se encontrarán con dos subpestañas: “Material pedagógico” y “Relatos” cuyo objetivo es promover el diálogo y el debate que se dirige a nutrir la idea de Justicia epistémica. El primero es inaugurado con cuatro cápsulas animadas que operan como detonantes de la reflexión y el debate que será guiados a través de una Pauta para la Conversación o la reflexión individual. Su idea es poner en juego algunos aspectos genealógicos del racismo vinculado a las disidencias sexuales en Abya Yala, de tal forma, que se entienda la importancia de la coalición a favor del planeta. Los temás que abordan cada una en orden correlativo son sexualidad precolonial y colonial; lógicas de inexistencia, Discursos y Crimenes de Odio y Verdad, Justicia y Reparación epistémica. La segunda pestaña,”Relatos” recuperará experiencias vividas en torno a los cuerpxs que han sido excluidos permanentemente de los procesos de Justicia, lo que amplía la reflexión en torno al carácter de las coaliciones políticas. Lo que nos parece importante de esta sección en particular es que nos permite profundizar en temas abordados por este trabajo desde perspectivas teórico/vivenciales, pues conocerlas es un primer paso para negarnos a  a pensar en lo que no vamos a practicar.

Material pedagógico

Cápsula 1:

Colonia y sexualidad

Cápsula 2:

Sobrevivencia de la dominación colonial

Cápsula 3:

Discursos y crímenes de odio

Cápsula 4:

Verdad, justicia y reparación

Relatos

Reflexiones, rabias y otras hierbas sobre Reparación y Justicia.

Flor Alveal

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Estamos al frente de una represión histórica. Durante la Insurrección mucha gente se conectó con la dictadura. En un abrir y cerrar de ojos nos dimos cuenta que estaba a la vuelta de la esquina, que nunca se había ido. Como no soy de Santiago, la memoria que me atrapó en esas largas y tristes noches en donde llorando de rabia revisábamos y revisábamos las noticias fue la de mi pueblo: Lota.

No acudí a esa memoria. Ella vino por mí. ¡A morir!- me susurraba.

Mi padre es minero, activista político, perseguido por la dictadura de Pinochet. Siempre recuerdo cuando lo vi disfrazado, ocultándose. Más tarde entendí que eso tenía que ver con nuestra familia, pues no quería que la violencia que le seguía como sombra nos dañara. Éramos nosotrxs, no él, porque los mineros se entramaban con una lucha hasta las últimas consecuencias. ¡A morir! fue el lema que aprendí de mi padre.

Si vamos a morir ¡morimos!- afirmó una noche, antes de que desapareciera por varios meses. Era pequeña, no dimensiono el tiempo con precisión, pero esa lucha por una Vida Digna me estremeció, tejió mis deseos, también mis temores. Durante todo ese tiempo extrañé tanto escuchar cuando se lavaba la cara. Como llegaba tiznado con el color del carbón, se lavaba con fuerza, haciendo un sonido aserruchado que yo misma hago hasta hoy. Durante la Insurrección recordé que comencé a hacerlo cuando mi padre desapareció y que eso trajo aparejado mi propia inclusión en esa lucha.

En esa lucha y otras, porque la de mi padre fue precedida por la que dieron otros mineros desde la mitad del 1800 por condiciones de vida y de trabajo digna. A ellxs, a las sociedades de socorros mutuos, al primer sindicato de mineros, ya en el siglo XX, les debemos algunos de los beneficios sociales por los que mi padre y los otros mineros seguían luchando en Dictadura. A ellos y las mujeres, porque en Lota todas tenemos un padre, un hermano, un hijo, una pareja, un abuelo que fueron mineros.

Las mujeres dimos nuestra propia lucha, fuimos fundamentales en la Reproducción Social de la Vida. En los hornos se compartían las estrategias de sobrevivencia frente a la pobreza. Allí se compartieron la receta de la CARBONada, la harina para el pan y  fue cuajando que no queríamos más violencia en contra de las mujeres. Esa no es una lucha exclusivamente feminista. Las mujeres de los mineros sobrevivieron y diseñaron estrategias que algunos feminismos no reconocieron, porque en su afán solo estaba el género. Para las mujeres de Lota, estaba la pobreza, una experiencia conjunta que sobrellevaban siendo parte de la lucha minera.

De hecho, en la huelga de los ´60 en el siglo XX fueron las Comisiones Femeninas de Defensa de la Huelga las que organizaron las Ollas Comunes. Ellas salían a pedir los alimentos -me contaba María Isabel, mi abuelita. Me contaba que participaban en las asambleas y en todas las actividades, porque sostener una huelga por casi 100 días no podría haber sido sin la unión de hombres y mujeres. Con la dictadura esas historias se silenciaron, porque mi madre no quería que nos hiciéramos parte de la lucha. Tenía miedo de que nos pasara algo.

Nada de lo que hizo mi mamá sirvió. Me hice parte del partido comunista y luego de otros espacios políticos. El ¡A morir! me perseguía, incluso en el grupo APUVEMU, Abriendo Puertas y Ventanas a las Mujeres de Lota que fundamos entre varias y las actividades que hicimos con el grupo “Muñecos de Trapo” que no solo pusieron al centro la lucha de las mujeres. También recogieron la historia minera y sus problemas, el consumo de drogas y la pobreza, la crítica a la reconversión económica, la rotación latinfundista de alcaldes y honramos a las personas asesinadas no solo por la dictadura de Pinochet, porque no solo esa horrible etapa demanda Verdad, Justicia y Reparación

Éramos jóvenes que antecedimos a lxs pingüinos de Lota que en el 2006 denunciaron las condiciones infrahumanas en que recibían la “educación” en el liceo Acuático, por como se inundaba. Su protesta fue llama que detonó el re-inicio de las luchas estudiantiles ese año. El protagonismo de la capital y sus líderes borraron esa historia en donde también resuena el ¡A morir!, porque ¿qué nos queda cuando la pobreza y la desigualdad es marca permanente? Pienso en las historias mineras, en las de lxs estudiantes lotinos y solo puedo decir que la historia no nos contiene. Modificarlo es un paso al frente a la Verdad. Desde ese lugar criticamos con mayor precisión la Justicia. Una Justicia que nunca llegó, porque las condiciones de pobreza me obligaron a salir de Lota. Fuera de allí mi lesbianismo también comenzó a tomar su lugar.

Mientras vivíamos los momentos más álgidos de la Insurrección nos enteramos que Karen Atala, reconocida activista lesbiana, validó el arresto del joven Nicolás Ríos, porque se había realizado respetando los “márgenes legales”. ¡En medio de la violencia policial la indolente jueza defendía los “márgenes legales”!.  No podía entenderlo.  Sentí mucha vergüenza, porque fueron muchas las lesbianas que la apoyaron cuando la ley, también bajo “márgenes legales” le arrebató a sus hijas. ¿Qué hicimos?-me pregunté, aplaudiendo la avalancha de críticas que se le dejó caer encima. ¿Atala logrará pensar en la Reparación de ese joven? ¿En nuestra propia Reparación al darnos cuenta de que su lucha jugó en nuestra contra? Lo más probable es que no, porque los privilegios son ciegos. Mi papi, por ejemplo, no tuvo Reparación y es improbable que nuestras condiciones de clase hubiesen favorecido su acceso a la Corte Interamericana.

¿En que planeta vivimos que Atala se visibilizó más que la lucha de los mineros de Lota, que los impactos del cierre de las minas, que la gente pobre de este país, que Nicole Saavedra, que Macarena Valdés? ¿Cómo no vimos que la crítica a la desigualdad debe estar al frente de cualquier proceso de Verdad, Reparación y Justicia?. Si, pues, porque Atala tuvo acto de Reparación. Las lesbianas como yo, las mujeres, los hombres, las comunidades indígenas, los mineros, no. A todas luces la Reparación de Atala, su propia situación de violencia se hizo parte de la trivialización de las luchas de la diversidad sexual, adaptadas al individualismo neoliberal y a los “margenes legales” que admiten solo a quienes no rebaten los límites del aparataje que les sostienen, permitiendo todo lo que la Insurrección denunció.

En fin, la Verdad , la Justicia y la Reparación será un largo proceso ¡A morir!. Allí habitan todas las genealogías, la lucha minera, la de las mujeres, las disidencias sexuales, las indígenas, las afros, las populares que han sido ocultadas por las represiones históricas. Las mismas que me hicieron llegar tarde a las luchas antirracistas, pese a que Lota está muy cerca de Arauco. Estas luchas, las antirracistas, tampoco estaban en las luchas mineras, pero más vale que el cruce se haga tarde a que nunca se haga. En el cruce se cosechan palabras de río, de tierra, de árboles, de carbón para seguir haciendo frente a dictaduras que nunca se fueron y que demandan Verdad, Justicia y Reparación no limitada a un único momento histórico.

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Flor Alveal Riquelme

 

Activista lesbofeminista descolonial parte de la colectiva Las3 AbisaLes. De familia minera, GATOlicista y aPERRAda. Sus intereses se concentran en la Responsabilidad Territorial, sobre todo, en escuchar las conversaciones entre las plantitas y los vientos.

Manifiesto FEA 

FEMINISMO/ESTRÍAS/AUTOGESTIÓN

(fragmento)

Gabriela Contreras

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Abandonamos la soledad de ser nosotras

para volvernos comuna

geografía desobediente

de la propiedad privada

donde brotar anómalas

embadurnadas de líquidos fluviales

aguas que erosionan el suelo y alteran el cause

superficie que antes de que abriéramos la boca

se llamaba derrumbe

tuvimos que inventarnos una comunidad

para las imposibles

las que reelaboramos

un mundo

lejos de la justicia blanca y delgada

renunciamos al mandato moderno

de los sueños personales

para encontrarnos en deseos colectivos

quisimos descomponer

palabra

forma

y color

así fue realizable

esta llamarada

por todas las veces que el ardor nos fue negado

las lengua rabia

las que no dormimos sobre la comodidad

de ningún diploma

sabemos que el pasado

es mucho más que pasado

y desconfiamos

de la promesa de futuro

como de su democracia

famélica

infecta de apellidos coloniales

porque nos quieren como decoración

pero vamos a morderles la mano

nuestra subversión

abarca también

a las que en vez de usar dos piernas

reptan o vuelan

no solo es necesario tirar piedras en la calle

necesitamos también

la batalla contra nosotras mismas

desaprender un mundo

que nos aplastó la espalda

para imaginar otras posibilidades de encuentro

para retemblar juntas

fracaso y error

como única certeza posible

desertoras del binarismo impuesto

hace más de quinientos años

somos las que nadie quiere ser

patologizadas

intensas

indias

gordas

negras

ilegales

tortilleras

hirsutas

travestis

migrantes

maricas

discas

somos las que crecimos

jugando en potreros

nos delata un olor

a grasa y pobreza

aún que aprendimos a escribir navaja

sin faltas de ortografía

se nos asoma lo analfabetas

somos la mirada de asco pegada en la frente

somo un desierto rebelde que quiere llover.

Gabriela Contreras

 

Melipilla 1983, escritora y editora gorda anticolonial, lesbofeminista antirracista, diplomada en género y cultura latinoamericana. Sus investigaciones se centran en los cuerpos visibles e invisibles del proyecto feminista. Iniciadora de Editorial FEA (Feminismo/ Estrías/ Autogestión) donde cada trabajo escritural está ligado a la poética/política de disidencias corporales y sexuales, desde la escritura situada en Abya Yala y la diáspora africana.

Ha publicado los poemarios Leporina (2012) Subterránea (2014) en la editorial independiente Moda y Pueblo, “Humedales” (2017) FEA, también es parte de varias antologías poéticas que circulan por Abya Yala. En España es parte de las antologías “Acá soy la que se fue, relatos sudakas en la Europa fortaleza”, “Devuélvannos el oro, cosmovisiones perversas y acciones anticoloniales”. Ha sido traducida al inglés e italiano.